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Viernes, 12 de marzo de 2010 7
Efímero EVARISTO TORRES Puesto que las columnas en las que hablo del sueldo y de las prebendas de los políticos son las que más comentarios suscitan entre mis lectores, seguiré metiendo el dedo en la llaga. En las páginas de este diario, algunos políticos, por cualquier tontería, se enzarzan en discusiones estériles pero en lo referente a sus excesivamente bien remuneradas sinecuras, parece haber un consenso entre todos los partidos en no abrir el pico. Un conocido parlamentario de nuestra provincia tiene un blog en el que define su trabajo como “esta actividad, siempre efímera, como es la política, pero siempre interesante para los ciudadanos”. El diccionario de la RAE define efímero como: “1. adj. Pasajero, de corta duración.2. adj. Que tiene la duración de un solo día”. Como el autor de esa afirmación lleva más de dos tercios de su larga vida laboral dedicado al ejercicio retribuido de la política, o bien se equivoca él o bien se equivoca la academia de la lengua. Otro político nada efímero, Javier Rojo, presidente del Senado, tiene la poca vergüenza de declarar públicamente que “las pensiones de los políticos son excepciones y no privilegios”. Utilizando su misma retórica, podría yo decir que esas afirmaciones me parecen una mamarrachada sin que por ello incurra en el insulto sino en un sencillo diagnóstico. Existen fórmulas que son de sentido común para fijar los ingresos de los políticos. Déjenme proponer una que es la síntesis de las propuestas por Izquierda Unida y por el filósofo Gabriel Albiac. Propone Izquierda Unida: “Ningún funcionario del Estado, de las comunidades autónomas o de los ayuntamientos -sea un cargo político o no- cobre más que el presidente del Gobierno”. Afirma Gabriel Albiac: “El Estado debiera garantizar a los representantes electos la continuidad de la media de ingresos percibidos en su privado oficio. Y ni un céntimo más. Ni uno menos. Cualquier mejora patrimonial de un electo durante sus años públicos debería ser tratada como el delito más vergonzoso en una democracia”. Una fórmula sencilla, clara y justa: el salario de un político de dedicación exclusiva debe ser el mismo que cobraba antes de ser político. Con un tope de 92.000 euros al año. |